Segunda etapa de Zubiri a Pamplona "El dolor te hace consciente"

 

“El contacto con árboles centenarios me hace sentir unido a las raíces más profundas de mi vida, al alma del mundo, al corazón del universo, al Dios que está en todo y en todos…” ~Un peregrino

 


 

Créanme, no es difícil despertar cuando te toca compartir albergue con el grupo de los peregrinos coreanos, ellos se despertaban a las 4:40am y hacían más ruido que mi mamá los fines de semana (ya sabes, cuando salías de fiesta y estabas todo crud@, y que a tu santa madre se le ocurría ponerse a limpiar todo afuera de tu cuarto), así que en esta ocasión me levanté muy temprano y compartí unas palabras con un peregrino español de Burgos, me comentó que era su primer camino, que lo haría por partes y que la ciudad de Burgos era muy bonita (cosa que más adelante comprobaría). Preparé mis cosas, hice mis estiramientos, y salí tan temprano como la claridad del día me lo permitió, así que a las 6:30 am estaba cruzando el Río Arga en el famoso y medieval puente de la Rabia, le dije adiós a Zubiri y agradecí al agua por haberme ayudado a sanar mis pies el día anterior.

Caminar sumergida en la naturaleza, entre árboles que llevan cientos de años, pasando por poblaciones encantadoras, despierta en mí una sensación de profundo agradecimiento, voy caminando en silencio, escuchando los ruidos que el mismo paisaje me ofrece, saludando a los peregrinos con el famoso “buen camino”, pero, sobre todo, intentando descifrar mi silencio interior.









La muerte de mi padre hizo que sintiera una pérdida de mi identidad, una cierta orfandad, una especie de ruptura, ¿cuánto vacío puede dejar una muerte? Empecé a recordar su último día, el último momento en el entré a esa habitación y lo vi conectado a tantos tubos, la fragilidad que sentí al tomar su mano, mis últimas palabras porque las de él, habían sido unos días antes. Decirle “vete en paz” fue la más dolorosa de las despedidas, porque en realidad no quería que se fuera, no estaba preparada para soltar su mano, y horas después, al abrazar su cuerpo sin vida, al llorar recargada en su pecho, pude ver a una niña desprotegida, pidiendo por favor no te vayas…

“La elaboración del duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.” ~Jorge Bucay

Caminar para perderse, caminar para encontrarse, caminar para intentar lidiar con el dolor y el vacío, caminar para sanar tu muerte y tu ausencia. En algunos momentos del proceso, la soledad es el único camino para sanar y por ello transitarla es necesario. Caminar para vivir cada día como una oportunidad de sentir el dolor y agradecer el duelo. ¿Por qué me siento agradecida? ¿Qué he aprendido? ¿Qué haré diferente de ahora en adelante? ¿Cómo voy a relacionarme?



Recuerdo muy bien el final de esta etapa, justo antes de cruzar las murallas para entrar a Pamplona, una viejita me paro para decirme que tomara agua de la fuente, que esa provenía de su casa, aprovecho para preguntarme de dónde era y contarme la historia de la ciudad, fue muy amable. A los días me enteré que después de platicar conmigo, platicó con otro peregrino (uno que se volvió parte importante de mi camino), así que está viejita fue mi primera gran señal de un: “párate a escuchar, detente y ábrete  a confiar, comparte con alguien más”. 

Así que gracias papá, tu muerte me trajo a este lugar y yo estaba a punto de encontrar mucha magia más...



















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