¿Escuchas esa voz en tu interior?... es El Camino, te está llamando
"Cuando el camino se revele, síguelo" Cheryl Strayed
Siempre he pensado que me cuestan mucho más los inicios que los finales, y es que quién se identifique con una personalidad perfeccionista, sabe lo difícil que es decidir hacer algo (sin que esté perfectamente bien diseñado desde el principio), pero de entrada “El Camino” ya me tenía preparadas varias sorpresas.
Elabore un plan “Preparación
Camino de Santiago”, dividida en entrenamiento- ejercicio, alimentación –
dieta, logística – planeación de la ruta, estudio – historia del camino y
adicionales (masajes, fisioterapias, descanso, etc.) ¿Muy virgo, no creen? Y
pues comencé comprando mi equipo (mochila, ropa, calzado, calcetines, sleeping,
etc.) todo previamente estudiado y analizado por mi hermoso cerebro, pesaba las
prendas, preparaba y organizaba con cuidado la mochila, tenía un desafío grande
frente a mí, pues nunca había viajado con tan poco. Los entrenamientos tenían
su horario y apuntaba los km que recorría en determinado tiempo, todo estaba
muy bien estructurado hasta que tuve una lesión y eso me llevo a visitar a la
fisioterapeuta y recibí la triste noticia de que mi pie cavo, me podría
ocasionar más molestias si no comenzaba a usar plantillas (esto paso a menos de
1 mes del viaje), así que me hice cargo de la tendinitis, la recuperación, el
estrés que sentía porque las cosas no estaban saliendo “como las había
planeado” y mis nuevas plantillas (se puede escuchar de fondo la canción de “Todo
se derrumbo dentro de mi” de Emmanuel) jaja
El camino me estaba llamando a
fluir, a soltar, a liberar… Y aquí entraron mis mágicas amigas, que con sus
consejos y su sabiduría me ayudaron a parar un poco a mi mente y a mis
estructuras, y recordé lo que me había prometido (y que incluso estaba dentro
de mi plan) “disfrutar al máximo de la preparación y posteriormente de el
camino”, así que finalmente solté (un poco pues)
Ya tenía todo listo, el día cada vez estaba más cerca, según yo me había preparado para vivir ese momento (aunque a los días descubrí que nada te prepara para “El Camino”), me despedí de mi familia, mis amadas peludas y mis amigos, me subí al avión, viaje varias horas hasta llegar a Madrid, transborde a Pamplona y después en autobús a Roncesvalles, mi lugar de salida. Llegué nerviosa, emocionada, feliz, mi primera noche en un albergue público compartiendo literas con dos señoras francesas muy amables. A pesar de que jamás había estado en este lugar, no me sentía ajena, me sentía en casa, sentía que al fin después de tantos años había respondido al llamado y yo estaba lista para comenzar. Tuve la primera cena comunitaria esa noche, ¡que buen momento! sentados en muchas mesas más de 100 peregrinos con sus voces y sueños, con sus metas y promesas… Esa noche me fui a dormir, prometiéndome que caminaría para volver a sentirme feliz, el camino me estaba llamando para sanar el dolor y la tristeza de perder a mi padre y yo estaba lista para empezar a andar.









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