Cuarta Etapa: dispuesta a renunciar y empezar otro camino...
“Si quieres volar,
tienes que renunciar a las cosas que te pesan” -Toni Morrison
Puente la Reina – Estella
Inicié el día muy temprano, aun
estaba oscuro cuando me dispuse a caminar acompañada de mis amigos españoles. Admito
que uno de mis momentos favoritos al hacer el camino, era el decirle “adiós” a
cada pueblo en donde me hospedaba, comencé a hacer una especie de ritual cada
que iniciaba el peregrinaje, una pequeña reverencia volteando a ver el pueblo o
ciudad, dándole las gracias por la experiencia vivida y con una sonrisa
retomaba mi camino hacia lo nuevo. He de reconocer que soy una mujer de hábitos
y costumbres, y como en muchas ocasiones no tenía el tiempo de meditar sentada
en mi cama al despertar (por el hecho de compartir habitación con varios
peregrinos que hacían pinche desmadre de ruido), entonces justo después de
despedirme, hacía mi “oración” del día, convocando energías, abriendo vórtices,
pidiendo asistencia y demás… diría una amiga: cosas de bruja.
Toni Morrison fue la primera
mujer afroamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, una de las
características distintivas de Morrison fue su habilidad para expresar
conceptos complejos y emociones profundas a través de la palabra escrita. Mientras
hacia el recorrido, de pronto pensaba en frases de algunos autores, esas frases
que de alguna manera me han ‘tocado’:
“Tienes que entender que algunas historias no tienen fin. Esto no significa que no tengan salida.”
Esta cita refleja la creencia de
Morrison en la durabilidad de las historias y su capacidad para transformar
vidas. Las historias, incluso las difíciles, pueden iluminar nuevos caminos y
posibilidades. Y aquí estaba yo, en el día cuatro haciendo mi propio camino
para sanar el dolor que me causó la muerte de la persona que más he amado en la
vida, afrontando uno de los momentos más difíciles y a la vez, sin que lo
hiciera consciente en ese momento, transformando todo ese dolor en paz,
aceptación y abriendo un nuevo camino lleno de amor.
Caminar por los pueblos de
Navarra es toda una pasada, pero cuando divisé Cirauqui, un pueblo medieval
situado en una colina, tras una senda entre cereales y viñedos, quedé pasmada,
y mientras cruzaba sus pequeñas calles tuve una visión (algo que me reservo de
compartir en este momento), pero justo éste magnifico día algo nació en mí.
Y después de muchos kilómetros,
cafés, flechas, reflexiones, risas, historias y comida por fin llegue a
Estella. Esta ciudad medieval es famosa por su magnífico patrimonio histórico y
arquitectónico, en el que destaca la iglesia de San Pedro de la Rúa, una
impresionante iglesia gótica construida en el siglo XII que se encuentra en una
ubicación privilegiada, con vistas al valle del Ega.
Otros edificios son el Antiguo
Palacio de Justicia y antiguo Ayuntamiento, cuya fachada recupera la esencia
del Renacimiento; la Basílica del Puy o el Palacio de los Reyes de Navarra, un
impresionante edificio renacentista construido en el siglo XVI que hoy en día
alberga el Ayuntamiento de la ciudad.
Y otro regalo que me tenía preparado ese día fue compartir habitación con tan solo 2 mujeres más (una coreana que viajaba sola y una holandesa que también viajaba sola, pero que haría el camino francés por partes), teníamos baño propio dentro de la habitación (esto ya era un super lujo), así que inicie con el ritual que hacemos todos los peregrinos al llegar a un albergue: bañarte, lavar tu ropa y tenderla, comer, descansar, estudiar tu etapa siguiente y si te queda energía conocer un poco el lugar, y claro que Estella lo merecía, un hermoso pueblo.
Les comparto fotitos de la etapa

























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