Bitácora de viaje (parte 3): Desaprender el ruido
Sábado 18 de abril. Llegada a Madrid y traslado a Ponferrada.
“El viaje real no comienza en el primer mojón, sino en el espacio que haces en tu mente al desaprender el ruido del que vienes”
Quiero hablar de ese transito
que pasamos, desde el momento en el que salimos de casa: carro, autobús, avión,
más autobús y así hasta que llegas al destino final, o el comienzo. ¿Qué
piensas? ¿qué pensamientos vienen a tu cabeza? ¿qué emociones recorren tu
cuerpo?
Este tránsito físico se siente
idéntico a los procesos de nuestra propia vida: ese espacio suspendido donde
abrimos y cerramos ciclos, donde todo se está transformando, avanzando,
soltando o tomando. Y sí, en ese vagón de tren o asiento de autobús, viajas con
expectativas.
Me molesta muchísimo cuando la
gente te dice, casi como un mantra ensayado: “no tengas expectativas”. O sea,
discúlpame por visualizar algo que quiero, por desearlo, por ponerle intención
y planearlo durante meses. Tener expectativas es humano; lo que pesa es
sostener el vértigo cuando esas proyecciones chocan con la realidad del
cansancio.
Por eso, para este día de
carretera y maletas, la carta que nos guio en el tarot feminista fue Sor Juana
Inés de la Cruz: La Carta de la Claridad. Conectar con su frase fue un
recordatorio hermoso de por qué me gusta tanto buscar la claridad: "No
estudio por saber más, sino por ignorar menos". Hay una fuerza muy honesta
en esa forma de mirar el mundo.
Y es que, más allá de la
teoría, esa carta tocó mi fibra más real ese sábado: la impaciencia y los
nervios. Como peregrina, traía el cuerpo roto por el jet lag y esa resistencia
incómoda de sentir que el viaje real aún no comenzaba, queriendo acelerar el
tiempo. Pero como guía, el viaje ya estaba sucediendo a marchas forzadas en mi
cabeza. Sentía el peso de la responsabilidad, el repaso mental de la logística
y la expectativa de que todo saliera bien. Era observar mi propia mente
debatiéndose entre el cansancio físico y la gestión.
Pero el viaje ya había
empezado. Empezó al llegar a Ponferrada, al instalarnos en los departamentos,
al salir corriendo a hacer las compras del supermercado y, sobre todo, al
sentarnos a comer. Disfrutamos muchísimo esa primera comida; nos reímos,
convivimos y el cansancio acumulado del jet lag empezó a transformarse en
complicidad.
Finalmente, por la noche llegó
Laura, la última santiaguiña, y ya estábamos las once. Saber al grupo completo
me llenó de una mezcla muy fuerte de emociones: la alegría profunda de este
primer encuentro, el cansancio acumulado, pero a la vez, esos nervios
inevitables en el estómago por saber que al día siguiente tendríamos nuestra
apertura de viaje y el primer ritual. El lunes, por fin, pondríamos los pies en
la tierra.
Antes de apagar la luz y
cerrar este día de tránsito, me tocó masticar la pregunta de nuestra guardiana:
¿Si tuvieras que vaciar tu mente para llenarla de sabiduría nueva en este
camino, qué creencia antigua estás lista para desaprender hoy?
Algunas fotos (y quiero dar el crédito a las peregrinas que me compartieron fotos Pilar, Chely, Karen y Brenda)
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