Bitácora de viaje día 3: Nací para esto
“No tengo miedo, nací para
esto” Juana de Arco
Lo primero que hicimos en el
día fue entrar al Castillo de los Templarios para nuestro primer ritual. Estar
ahí dentro fue un momento profundamente mágico, nuestro verdadero espacio de
enraizamiento. Nos detuvimos a pedir permiso a los guardianes de los bosques
que íbamos a cruzar, a conectar con nuestra madre tierra, con nuestras
ancestras, guías y guardianas. Fue el instante preciso para permitirnos, cada
una, abrir el cuerpo y el alma a la experiencia que estábamos a punto de vivir,
reconociéndonos parte de un mismo hilo, unidas en este espacio sagrado que ya
nos pertenecía.
Recorrer el castillo nos
permitió habitar la experiencia de los templarios, pero desde un lugar muy
nuestro: conectar con esa fuerza antigua para recordar que la verdadera
soberanía reside en nosotras. Nos miramos ahí dentro y entendimos que ahora
somos las guardianas de nosotras mismas, dueñas absolutas de nuestros propios
pasos y de nuestra autonomía. Ahí, la frase de Juana de Arco deja de ser solo
un texto en una carta y se te acomoda en el cuerpo como una certeza
inquebrantable.
Al salir, fuimos al
restaurante "La Violeta" para nuestra primera comida juntas las once peregrinas
santiaguiñas. Ver la mesa llena y sabernos por fin completas le dio todo el
sentido de pertenencia al día. Alrededor de los platos cruzamos risas,
experiencias, emociones y esos miedos inevitables que se asoman antes de
arrancar. Después nos dedicamos a recorrer las calles de Ponferrada, visitamos
la casa del ratoncito Pérez y algunas aprovecharon para hacer sus primeras
compras. Regresamos a los departamentos a dejar todo listo, acomodando las
mochilas para el día siguiente con esa certeza de que el camino ya nos estaba
esperando.
La cena la tuvimos en el
restaurante Las Cuadras, donde vivimos dos momentos muy especiales. Primero, el
cónclave que guio Pilar al ser la guardiana de la primera etapa; después, el
detalle de Laura y Karen, quienes me entregaron una carta y un regalo sorpresa.
Escucharnos a todas y sentir que estábamos a tope con la emoción de comenzar en
unas horas fue, definitivamente, de una profunda inspiración. Para cerrar la
noche, surgió una de esas escenas espontáneas que te conectan por completo: al
lado del castillo, seis de nosotras nos pusimos a bailar Bella Ciao. Así, de la
nada, por puro gozo y libertad. Por ese baile terminamos conociendo a un matrimonio que pertenecía a la guardia templaria del lugar; una de esas causalidades reales que te vuelan la cabeza, pues en la plática nos compartieron mensajes muy importantes para nuestro peregrinar. Un encuentro con mucho sentido, justo la noche antes de empezar a caminar.
Antes de apagar la luz, me tocó masticar la pregunta para el alma de nuestra guardiana: ¿Cuál es esa "voz" o intuición que has estado silenciando y que hoy te pide ser escuchada antes de dar el primer paso? E inevitablemente me vino la incertidumbre. Pensar en la diferencia tan profunda entre lo que es hacer el camino sola —donde solo respondes por ti y por tus pasos— y lo que significa ahora estar aquí, guiando a un grupo de mujeres. Me acordé de Rebecca Solnit y su Guía sobre el arte de perderse, cuando dice que dejar que lo inesperado te encuentre es la única forma de transformarte. Entendí que sostener la experiencia colectiva mientras habitas la tuya propia es un reto completamente distinto; que guiar no es controlarlo todo, sino tener el coraje de caminar juntas hacia lo desconocido. Esa noche, la realidad de lo que estaba por comenzar se sintió más real que nunca.
Mañana los pies tocan la tierra.
Les comparto algunas fotos:
Colección de Libros | Castillo de los Templarios, Ponferrada.Entre las piedras de la fortaleza, los libros de la colección Templum Libri susurran historias de otra época.


































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