Bitácora de viaje día 9: Caminar cuando todo conspira para encerrar al cuerpo y al espacio
«Caminar es un modo de llegar a un lugar donde las preguntas se disuelven antes de encontrar respuesta.» Rebecca Solnit
Sábado
25 de abril. Sexta etapa: Vilei – Portomarín (18.6km)
Dicen los caminantes que no andamos para encontrar respuestas, sino para soltar las preguntas que ya no nos pertenecen. ¿Qué
me trae al camino de Santiago por tercera vez? ¿Es una búsqueda, una
transformación, o una sanación? O si no es nada de eso. ¿Estoy esperando algo? O
quizá simplemente disfruto de estar aquí, rodeada de naturaleza, de la magia
que te otorgan los senderos transitados por miles y miles de personas, de esos
espacios llenos de historia, de lo cambiante que se vuelve todo (lluvia, frío,
calor, peregrinos, soledad, bares, pueblos, silencio, ruido, escuchar,
compartir, vacío…) No sé qué me trae aquí nuevamente, a pasar la mitad del día
caminando y la segunda mitad del día haciendo los “rituales propios de la
peregrina”.
Es difícil
de entender, ¿qué te da el camino?, paz, inmensidad, silencios, paisajes,
sueños, amplitud, tranquilidad, complicidad, cercanía, autenticidad… te da
tanto que, al pasar de los meses, cuando ya estés en casa, te sigue dando. Y
ahora, mientras estoy nuevamente aquí, viviendo una experiencia muy distinta a los
otros caminos, recuerdo y reconozco lo que ya he recibido, y lo que hoy, trato
de entregar a las peregrinas que me acompañan.
Hoy,
al llegar a Portomarín y cruzar el puente sobre el Miño, me encuentro con una
respuesta silenciosa.
Miro
las aguas del embalse y me acuerdo de la historia de este lugar. En los años
sesenta, el viejo pueblo quedó sumergido bajo el agua, pero antes de que la
corriente lo cubriera todo, sus habitantes decidieron rescatar lo sagrado.
Desmontaron la iglesia de San Nicolás piedra por piedra, numeraron cada bloque
de granito en rojo y lo volvieron a levantar aquí arriba, en lo alto del monte,
para darle una nueva perspectiva.
Al
llegar a la plaza y mirar de cerca sus muros, los números pintados aún se
alcanzan a ver.
Y me
reconozco en ese gesto. Quizá venir por tercera vez al camino no es buscar una
respuesta rápida, sino mirar mis propias piedras numeradas. He de reconocer que
yo también he tenido que desarmarme en momentos de inundación, elegir qué
partes de mi historia merecían ser salvadas y volver a reconstruirme en un
suelo más firme, con más espacio para respirar. Lo que quedó abajo no se
destruyó, simplemente dio paso a una versión con más perspectiva de mí misma.
En mis
otros caminos vine a sostenerme a mí, a descifrar mi propio mapa. Hoy, mientras
camino al ritmo de las mujeres que me acompañan, siento que mi lugar es
distinto: es el de quien ya conoce el peso de las piedras, el de quien sabe
mirar las marcas del pasado sin miedo y ofrece un espacio seguro para que cada
una descubra cómo construir su propio templo.
El
camino te da paz y silencio, sí, pero sobre todo te recuerda que siempre es
posible volver a erigirse. Ahí resuena con fuerza la certeza de Frida Kahlo al
decir que, al final del día, podemos soportar mucho más de lo que creemos. Las
piernas cansadas, los duelos atravesados y las reconstrucciones pasadas me lo
confirman: la mente suele subestimar nuestra fuerza, pero el cuerpo, en su
infinita sabiduría, siempre sabe cómo volver a ponerse en pie.
Les dejo algunas fotos de la etapa:








.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)




Comentarios
Publicar un comentario